El Ayuno, una perspectiva objetiva y fisiológica

Ayunar ha sido una práctica común en buen parte de las civilizaciones a lo largo de toda la historia de la humanidad. Aunque los objetivos de ayuno varían entre ellas, se cree que el hombre primitivo lo practicaba durante los ritos de fertilidad y otras ceremonias celebradas normalmente durante los equinoccios de primavera y de otoño. Los primeros nativos americanos de México y Perú ayunaban para honrar y apaciguar a sus deidades, mientras que para los asirios y los babilonios era una forma de penitencia. Como ejemplo en la antigua Grecia, grandes filósofos, pensadores y médicos descubrieron, experimentaron y promovieron los efectos terapéuticos del ayuno. Hipócrates, Platón, Sócrates, Aristóteles, Galeno, entre otros, elogiaron los beneficios del ayuno. Pitágoras exigía a sus estudiantes que ayunasen antes de entrar a sus clases. Desde la antigüedad, pues las primeras artes curativas reconocían en el ayuno el poder de revitalizar y rejuvenecer tanto cuerpo como mente. Los egipcios, por ejemplo, lo aplicaban como remedio para la sífilis. Los persas, según Herodoto, mantenían su vitalidad y resistencia con una sola comida al día y absteniéndose de comer carne. Los espartanos entrenaban a sus hijos con ayunos progresivamente para “endurecerlos”. Los soldados romanos ayunaban una vez a la semana. Los Hounzas celebraban rituales de ayuno varias semanas al año. Otro de los más ilustres médicos y filósofos de los primeros tiempos, Avicena, prescribía a sus pacientes ayunos terapéuticos de 3 a 6 semanas como medicina contra sus enfermedades.


En términos generales y actuales según la RAE (Real Academia Española) el significado de la palabra Ayuno, Ayunar en sus tres definiciones es


1. intr. Abstenerse total o parcialmente de comer o beber.

2. intr. Abstenerse total o parcialmente de tomar alimento o bebida por precepto religioso.

3. intr. Privarse o estar privado de algún gusto o deleite.


Y según la Wikipedia el ayuno es el acto de abstenerse total o parcialmente de comer o beber,[1] a veces por un periodo de tiempo.


Entonces


El ayuno no es ajeno en absoluto a la condición humana así que durante la mayor parte de su existencia sobre la Tierra, la humanidad ha tenido que afrontar muchas situaciones de hambruna y de ayuno absoluto por carencia de alimentos, guerras y más. A lo largo del tiempo se ha practicado por motivos religiosos o de purificación y facilitación de estados elevados de conciencia y espiritualidad. En nuestra sociedad también se practica el ayuno voluntario por motivos políticos o laborales, en forma de huelgas de hambre, Por último, existe el ayuno terapéutico, empleado bajo supervisión médica en la obesidad mórbida, respecto a su duración, se pueden distinguir las alteraciones metabólicas de los prime- ros 2 o 3 días, las que ocurren hasta las 2 semanas, aproximadamente, y el ayuno prolongado, a partir de ese momento. Si quieres profundizar en el tema técnico sobre el ayuno puedes revisar este artículo aquí

¿Que pasa cuando ayunamos?


Una vez que cesa el flujo de nutrientes desde el intestino, unas 4 h después de haber comido, comienza el estado postabsortivo, equiparable al ayuno, que se define como la situación metabólica que se produce por la mañana tras permanecer sin comer durante 10 a 14 h por la noche. Puesto que no hay nuevos ingresos de energía desde el exterior y el consumo de glucosa prosigue, si el organismo no pusiera en marcha mecanismos contrarios que conducen al aporte endógeno de glucosa por diversos procesos metabólicos, se produciría un descenso patológico de sus concentraciones sanguíneas.


Desde un punto de vista teleológico, los cambios metabólicos que se van produciendo persiguen, fundamentalmente, la supervivencia, para lo que es básico asegurar el aporte suficiente de energía a los órganos vitales, preferentemente el cerebro y, a su vez, moderar la pérdida demasiado rápida de las estructuras corporales que sirven como fuente de los productos energéticos. Por ello, los procesos metabólicos que se van sucediendo no son estáticos, sino que van variando en dependencia de la duración del ayuno, con adaptaciones permanentes para la mejor conservación del organismo y, por ende, de la vida. Para conseguirlo se disminuye el consumo de gluco-sa en el músculo, el tejido adiposo y el hígado, y se ponen en marcha mecanismos de producción de glu- cosa y posteriormente de otros nutrientes, como ácidos grasos libres (AGL) y cuerpos cetónicos, con variaciones evidentes en el catabolismo de los sus- tratos empleados en su síntesis o liberación, así como en la cuantía y los tipos de nutrientes consumidos en los diversos tejidos.



Entonces en pocas palabras y en términos simples ¿Que pasa al ayunar? ayunar es darle un descanso al organismo. Al no comer, se libera de los esfuerzos digestivos, mecánicos, secretorios y nerviosos con los que habitualmente gestiona la ingesta de alimentos.


Ayunando, pues, permitimos al cuerpo ahorrar una cantidad inimaginable de energía y le damos la oportunidad de dedicarla a procesos emuntorios (limpieza, eliminación, excreción) y reparadores de tejidos (regeneración y reajuste metabólico). Privar al cuerpo de comida es privarlo de calorías. Sin embargo, incluso en reposo, nuestro metabolismo sigue consumiendo energía (entre 1200 y 1500 calorías diarias). Una vez agotadas las fuentes de glucosa, el organismo recurre a las fuentes de reserva. Dichas fuentes son, en condiciones normales, los tejidos adiposos (grasa) y musculares. En condiciones de desequilibrio orgánico, estas fuentes de energía adicionales pueden ser: quistes, lipomas, depósitos de colesterol y otras excesos de origen patológico.


El intestino, al reducir su actividad prácticamente a cero, deja de recibir ácidos biliares. Asimismo, el hígado, reconfortado por ese descanso de toxinas, sigue filtrando la sangre y libera bilis y desechos metabólicos esparcidos por la mucosa intestinal. Por tanto, este órgano se regenera profundamente (descamación del epitelio intestinal mucoso, una vez liberado de otras materias de paso). Los riñones siguen filtrando la sangre y las toxinas siguen eliminándose por medio de los órganos excretores. Por su parte, los pulmones pueden oxigenar con mayor eficacia las sobrecargas. Por otro lado la piel multiplica su actividad excretora de toxinas.

El reposo orgánico del ayuno, pues, no es sino una reasignación natural de tareas que afecta a prácticamente todos los órganos del cuerpo, dedicados ahora labores de “reciclaje” y eliminación de desechos. La intensidad de estas nuevas tareas será inversamente proporcional a la calidad de los tejidos vitales. La desintoxicación se ejecuta gradualmente, en orden inverso a la recepción de las toxinas en el cuerpo: de más reciente a más antiguas.



En resumen



Desde el principio de la humanidad el ayuno a existido y hoy en día sabemos que el ayuno tiene muchas consecuencias fisiológicas y fisiopatológicas en nuestro cuerpo e impacta todo nuestro organismo de una manera hasta ahorita aparentemente positiva según los estudiosos sobre el tema, hay mucha información al respecto sobre el ayuno, sin embargo en este artículo tratamos de ser lo más objetivos respecto al tema para mostrar un perspectiva objetiva y científica sobre el Ayuno.







Bibliografías


Española, R. A. (s.f.). Obtenido de Real Academia Española : https://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=ayunar

R. Albero*, A. S. (s.f.). ELSEVIER . Obtenido de ELSEVIER : http://www.elsevier.es/es-revista-endocrinologia-nutricion-12-articulo-metabolismo-el-ayuno-S1575092204745994

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https://es.m.wikipedia.org/wiki/Ayuno

http://www.elsevier.es/es-revista-endocrinologia-nutricion-12-articulo-metabolismo-el-ayuno-S1575092204745994

http://www.elsevier.es/es-revista-endocrinologia-nutricion-12-pdf-S1575092204745994

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